Eloise entró en un bar discreto, pidiendo una copa solo para distraer la mente. El suave jazz no lograba silenciar el recuerdo de las palabras de José Monteiro. Bebió demasiado rápido y, cuando el vaso ya estaba vacío, una voz resonó detrás de ella.—Vaya, vaya… pero si es la famosa Eloise Nogueira.Marcos Almeida tomó asiento a su lado sin pedir permiso. Lucía una sonrisa fácil y una mirada depredadora. Pidió un trago y se inclinó hacia ella, con la voz cargada de malicia.—Siempre has sido hermosa… pero hoy, sola, lo estás aún más. ¿Sabes? Eres demasiado bonita para ser solo una secretaria, ¿no te parece?Eloise frunció el ceño, pero Marcos no se dejó intimidar.—¿Qué haces aquí sola? —preguntó, inclinándose demasiado hacia ella.— Si fueras mi novia, desde luego no te dejaría sola en un bar como este.Eloise hizo girar el vaso vacío entre los dedos y respondió con una voz seca y cortante:—Espero seguir sola. Sin compañía. Y, sobre todo, sin que nadie me desee.Él soltó una risa baj
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