El leve sonido de la puerta al abrirse fue suficiente para romper la calma frágil que se había instalado en la habitación de cuidados intensivos. No era un silencio vacío, sino uno cargado de expectativa, de miedo contenido y de esperanza apenas sostenida por hilos invisibles.Ares levantó la vista de inmediato.Lo hizo de forma instintiva, casi automática, como si aún temiera que cualquier interrupción pudiera arrebatarle ese momento que llevaba horas protegiendo. Había aprendido, en esos días interminables, que la estabilidad era engañosa y que bastaba un segundo para que todo volviera a derrumbarse.Agnes, recostada entre sábanas blancas y monitores que marcaban su ritmo vital, siguió el movimiento con curiosidad. Aún se sentía cansada, un poco mareada, pero consciente. Presente. Y eso, para ambos, ya era un milagro.Nikolas apareció en el umbral.Se quedó quieto.Durante un instante no avanzó, como si necesitara confirmar que lo que veía era real. Sus ojos se abrieron con una emoc
Ler mais