El murmullo no nació de golpe.
Se fue gestando en silencio, en miradas cruzadas, en gestos contenidos, en comentarios que no se decían, pero que flotaban en el aire del área de terapia intensiva como una verdad que, por fin, comenzaba a tomar forma.
El personal del hospital observaba.
Y lo que veían los desconcertaba.
Ares permanecía junto a la cama de Agnes desde hacía horas. No se había movido más allá de lo estrictamente necesario. No había reuniones, no había llamadas importantes, no había