Vir se levantó de repente, haciendo que la cama crujiera. Violetta, que ya estaba recostada con el camisón medio abierto, dejando al descubierto sus hombros y parte de su pecho blanco y terso, se sobresaltó. Tanteó el colchón buscando a su esposo, que de pronto se había apartado de ella.—¿Vir? ¿A dónde vas? ¿No dijiste que…? —la voz de Violetta quedó suspendida, cargada de decepción y confusión.Vir tomó la camisa negra que había dejado sobre la silla y se la puso sin abotonarla, dejando expuestos los músculos tensos de su pecho.—Quédate aquí, cariño. Tengo un asunto urgente en el sótano. Haré que Sally te acompañe para que no te sientas sola.Vir se inclinó y depositó un beso breve pero exigente sobre los labios de Violetta antes de que ella pudiera seguir preguntando. Sus pasos resonaron rápidos al salir de la habitación, dejando a Violetta invadida por una sensación de inquietud.“¿El sótano?”, murmuró para sí misma.Se acomodó el camisón, volviendo a abotonarlo con dedos temblor
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