Pero ahora, los pensamientos sobre Fernando se colaban en su mente, como sombras imposibles de alejar. Él la desafiaba, la provocaba, la ahogaba con esa mirada inquietante y, al mismo tiempo, seductora. Y, por mucho que Natália intentara mantenerse firme, se dio cuenta de que no sería capaz de resistirse a él por mucho tiempo. Lo que era suyo, aquello que guardaba para el hombre adecuado… parecía querer entregarse a Fernando, incluso antes de que ella pudiera decidirlo.“¿Cómo puede ser esto?”, pensó, apretando los puños. “Lo odio… pero al mismo tiempo, no puedo negar la atracción. Me provoca, me domina, y aun así hay algo en él que me hace querer… ceder”.No podía negar que luchaba contra el deseo casi incontrolable que sentía por Fernando. Era incorrecto, peligroso, pero al mismo tiempo… inevitable.Respiró hondo, tratando de ordenar sus pensamientos, pero no lograba engañarse a sí misma. “Lo que guardé para la noche de bodas, lo que consideré mi tesoro más preciado… será suyo. Fern
Leer más