Fernando dejó escapar un ligero suspiro de impaciencia.
—Eso podía esperar hasta mañana.
Mariana ladeó la cabeza, con una sonrisa torcida en los labios.
—Parecía urgente. Deberías llamarla —respondió en un tono sutilmente provocador.
Fernando suspiró levemente y, antes de que pudiera decir nada, oyó la voz de Natália.
—Buenas noches. Es tarde y estoy cansada —dijo fríamente, sin mirar a ninguno de los dos.
Pasó junto a Mariana con elegancia y desapareció por el pasillo. No vio la sonrisa torcid