Natalia llegó acompañada de Cristina. Llevaba un vestido azul oscuro, de tejido ligero, que resaltaba el brillo natural de sus ojos. El pelo, recogido en un elegante moño, dejaba al descubierto la delicada nuca y el par de discretos pendientes.En cuanto entró, las miradas se volvieron discretas, curiosas y admiradas, e incluso Cristina, acostumbrada a la elegancia de Natália, susurró con una sonrisa:—Si la intención era llamar poco la atención, ha fracasado estrepitosamente.Natalia se rió, pero el rubor le subió a las mejillas. —Solo quiero pasar desapercibida.— Buena suerte con eso. — Cristina le guiñó un ojo, cogiendo una copa de la bandeja de un camarero.Al otro lado del salón, Ricardo conversaba con unos empresarios. Llevaba un traje gris de corte impecable, pero su mirada, por un instante, perdió el foco al ver a Natália cruzando el salón.Intentó disimularlo, ajustándose el nudo de la corbata, pero el brillo involuntario de sus ojos no pasó desapercibido.Vanessa, que esta
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