—Ariel entraba y salía de la conciencia. Era una especie de experiencia extracorporal; su espíritu flotaba en el aire, pero su cuerpo seguía en la cama.Intentó moverse en la cama, muy mala idea, ya que el dolor se intensificó en su cuerpo, arrebatándole todo pensamiento racional. Ni siquiera podía gritar por el dolor, porque le dolía incluso abrir la boca.Solo pudo emitir un leve quejido, pero sintió unas manos firmes sobre ella, apartándole el cabello y susurrándole palabras dulces y amables.La voz la arrulló hacia el sueño, pero en ese estado medio consciente, escuchó un gruñido.—¡Nunca más, nunca más!—el hombre vibraba a su lado, su voz apenas coherente por la ira que la impregnaba.Ariel no supo qué pensar porque sintió un dolor agudo en el cuello, como si dos grandes agujas se clavaran en ella, y se desmayó, cayendo en un abismo profundo.Cuando Ariel despertó, esta vez logró abrir los ojos, pero dolía tanto que volvió a cerrarlos. De hecho, todo le dolía; incluso respirar er
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