Las palabras resonaban en sus oídos sin parar, como una molesta alarma de las cinco de la mañana, y se quedó paralizada en el sitio, incapaz de procesar lo que acababa de escuchar. —Ja, ja, muy gracioso. Sé que dices todo esto para que me quede, pero no va a funcionar. He superado esto, Kane. —¡Ariel, escúchame! ¡Eres mi pareja! Ariel negó con la cabeza, como si intentara sacudirse las palabras de encima. —Me niego a creerlo; estás mintiendo. Si realmente fuera tu pareja, nunca me ocultarías algo así. Eso habría sido lo primero que me dirías al conocerme. —Sorprendió, aclarando su voz antes de continuar—. Sé que intentas suavizar el golpe, pero está bien; puedo soportarlo, soy una chica fuerte. —Ariel, no me estás escuchando. ¡Eres mi pareja! Solo tú puedes encender ese fuego en mí. Solo tú puedes calmar la tormenta en mi mente. ¿No sientes las chispas cuando nos tocamos? ¿No sientes cómo tu cuerpo me desea? —Kane pasó sus dedos por su brazo, y Ariel tomó una bocanada de aire, sol
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