—¿Ariel?—Una voz femenina le gritaba mientras corrían, intentando esquivar los bloques que caían. Su visión estaba distorsionada por los escombros y el polvo que llenaban el aire.—¿Ariel?—Los gritos se volvían más fuertes y guturales, y ella estaba dividida entre salvarse o responder al llamado.
—¿Qué?—gritó Ariel hacia la voz. Se cubrió el rostro, apenas abriendo los ojos mientras las partículas de arena chocaban contra su cara.
—Por favor, no te vayas; quédate conmigo.—La voz suplicó con un t