YELENA—¿Cuándo escondiste la cámara de la que ni siquiera sabía? —pregunté, poniéndome de pie mientras él se hundía en la silla, tranquilo e imperturbable, mientras yo ardía de rabia.—Cuando saliste de tu oficina ese día… el día que me dijiste que me fuera por Livia —dijo con voz suave, como si nada, como si fuera un martes cualquiera.Me crucé de brazos, frunciendo el ceño. —Yo no te pedí que lo hicieras. ¿Entonces por qué lo hiciste? —Mi voz se elevó un poco, punzante por la irritación. Su sola presencia me hacía pensar en su pareja, y ese pensamiento me irritaba.—No necesitas decirme qué hacer antes de hacerlo —dijo, reclinándose con naturalidad—. Soy un alfa, Yelena. Hago lo que quiero, cuando quiero. Sabía que el peligro estaba cerca, y vine a protegerte te guste o no.Resoplé, negando con la cabeza. Estaba lleno de sí mismo, como siempre. Su pecho se agitó ligeramente al cruzar su mirada con la mía, pero no le importó que lo fulminara con la mirada."Y ese peligro es la razón
Leer más