TRISTANLlevaba tiempo esperando esto, esperando el día de besarla, de reclamarla con locura, de poseerla. Era terca, no quería que entrara en su boca, pero le succioné el labio inferior con fuerza mientras le sujetaba las manos a la espalda. Luchó, pero no la solté.Su fuerza no era nada comparada con la mía. Jadeó al abrir la boca, y me abrí paso dentro de ella.Succioné, lamí y devoré parte de su boca, la dominé como si fuera mía para siempre, la besé con brusquedad, sujetándole el pelo con fuerza para que no se le cayera. Finalmente cedió y se fundió con mi cuerpo. Podía sentir cómo todo su cuerpo temblaba, sus rodillas tampoco estaban firmes. Oí sus gemidos, y eso hizo que mi miembro se estremeciera.¡Maldita sea!Quería tocarla.Quería tocarla por todas partes. Quería follarla aquí mismo, en su oficina.Interrumpí el beso y ambos jadeábamos; sus ojos estaban rojos de ira. "¿Qué demonios crees que estás haciendo?" Sabía que quería gritarme, pero se le escapó como un gemido, y me
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