MARIE
—¡MARIE!
La voz lo rompió todo.
Tyler se quedó paralizado.
No del todo, pero sí lo suficiente; su cuerpo seguía cerca, su agarre seguía ahí, su aliento seguía quemándome la piel. Pero en el instante en que levantó la cabeza de golpe, reconocí esa voz que me llamaba.
Sentí un vuelco en el corazón.
Miré más allá del hombro de Tyler.
Y mi mundo se tambaleó.
Daniel.
De entre todos los rostros, de entre todos los lobos que respiraban el mismo aire, tenía que ser él.
Daniel estaba allí, con el