Chris se recostó en la silla del hotel, el cuero crujiendo bajo su peso. Las luces de la ciudad parpadeaban a través del amplio ventanal, amarillas y frías, recortando el contorno de su mandíbula.Derek estaba enfrente, con el portátil abierto, los dedos tamborileando sobre el teclado en un ritmo que transmitía impaciencia, nervios, vida. El zumbido del aire acondicionado llenaba los espacios silenciosos entre ellos, esos espacios donde los pensamientos se volvían pesados.“Entonces… ¿eso es todo?” dijo Chris al fin, en voz baja. Se frotó las sienes. “¿Ya estamos dentro?”Derek levantó la mirada, arqueando una ceja. “Estamos dentro. No del todo, pero…” Pulsó unas teclas y abrió una hoja de cálculo en la pantalla. Líneas, porcentajes, adquisiciones escalonadas, pequeños movimientos que jamás llamarían la atención de Allen. “Lo suficiente para frenarlo. Lo suficiente para que se detenga un momento.”Chris exhaló lentamente, dejando que el aire se prolongara. “Suficiente para frenarlo, p
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