La sala de juntas olía a madera pulida y café rancio, ese tipo de olor que te cierra la garganta sin que lo notes. Chris entró al final, Derek medio paso detrás de él, y ambos llevaban el leve rastro de la lluvia en sus abrigos. Allen ya estaba allí. Manos entrelazadas sobre la mesa, mirada afilada, esperando.“Puntuales,” dijo Allen, más como una observación que como un saludo.Chris inclinó la cabeza, tomando su asiento habitual. Derek se colocó a su lado como una sombra, espalda recta, manos sobre la mesa, mandíbula tensa.La votación estaba en la agenda—aprobación de la reestructuración en el extranjero. Para la mayoría, un cambio rutinario de activos. Para Chris, una prueba.La voz de Allen rompió el silencio. “La filial de Ginebra. La valoración actual es estable. La reestructuración propuesta liberaría liquidez para adquisiciones. Necesito una votación hoy. ¿Alguna objeción?”Los ojos de Chris se deslizaron hacia Derek. Calma y sincronización. Un leve asentimiento entre ellos,
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