El aeropuerto estaba más silencioso de lo que debería a las once de la noche.
No estaba vacío. Estaba apagado. Como si todos los que estaban dentro se movieran con cuidado, sin querer perturbar el cansancio que se había instalado en sus huesos. Las ruedas susurraban sobre el suelo. Las voces se mantenían bajas. Incluso las luces parecían cansadas.
Chris estaba de pie cerca de la puerta de llegadas, con las manos hundidas en los bolsillos del abrigo, los hombros tensos, la mandíbula apretada com