Derek se dejó caer en la silla de cuero, pasando una mano por su rostro. El cielo gris de Londres presionaba contra la ventana, y el murmullo del tráfico lejano se filtraba en la habitación como una acusación silenciosa. Se recostó, entrelazando los dedos, la mirada desviándose hacia el escritorio desordenado, donde los papeles que había evitado durante semanas yacían medio apilados."No sé si puedo hacer esto," dijo en voz baja. Su tono no era solo duda—era miedo, frustración y algo más pesado, casi como culpa. "Mia… quiero decir—Iris… no sé si es seguro. Si puedo hacerlo."El pecho de Mia se tensó. Había esperado dudas, pero escucharlas en voz alta dolía de todos modos. Sus manos se apoyaron en el borde de la mesa."Por favor," dijo, con una voz suave pero firme. "Te estoy pidiendo lealtad, Derek. Durante años, has estado aquí desde el principio. Sabes cómo funciona. Lo conoces. Por favor… te necesito."Chris, apoyado contra la pared, con los brazos cruzados, añadió con calma: "Tien
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