Las ruedas vibraban suavemente debajo de ella.Metal contra baldosa. Un ritmo que se negaba a desaparecer en el fondo, por más que Mia intentara concentrarse en cualquier otra cosa. Las luces del techo pasaban sobre ella, una tras otra, demasiado brillantes, demasiado blancas, como un túnel al que no había aceptado entrar.Sus dedos estaban fríos.No sabía cuándo había pasado eso.Una enfermera caminaba a su lado, con voz calmada y sonrisa practicada. "Lo estás haciendo muy bien, Iris. Solo respira para mí, ¿sí?"Mia lo intentó. Dentro. Fuera. El aire se sentía ligero en sus pulmones, como si no quisiera quedarse."Tengo miedo," dijo, las palabras saliendo antes de poder detenerlas."Es normal," respondió la enfermera con suavidad. "No estás sola."Pero se sentía sola.Las puertas del quirófano se abrieron. El aire frío rozó su piel. El olor—estéril, penetrante—se instaló en su nariz. Las manos se movían con eficiencia a su alrededor, ajustando monitores, levantando sábanas, voces sup
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