La palabra aún flotaba en el aire.
La voz de Derek resonó una vez, luego cayó en seco, como si no supiera dónde asentarse.
Mia no se inmutó. Tampoco se apresuró a suavizarlo. Se quedó allí, con los hombros rectos, las manos tranquilas a los lados, como si ya hubiera vivido su sorpresa cien veces antes de que él siquiera abriera la boca.
"Lo fingí," repitió, esta vez más bajo. No a la defensiva, sino con certeza.
Derek se pasó una mano por el rostro y se giró, caminando de un lado a otro una vez