Anastasia.Sentí cómo el sudor lo cubrió, casi como una regadera. Le quité las sabanas, dejándolo solo con la bata, pasé una toalla para limpiarla su rostro, su cuello, y entre sueños, lo vi suspirar.Tuve el impulso de acercarme, besarlo. Pero en cambio, mis manos fueron a su rostro, e intenté grabar con ellas cada contorno. Me detuve más tiempo en la forma de sus labios, el grosor exacto, y sus cejas castañas claro finas pero pobladas a la vez.Sus manos no estaban hinchadas, eso quería decir que no se había ido a golpes con Lucius, y eso fue un alivio, pues tras esconderme en mis miedos, no pude más que preocuparme por su seguridad.Comenzaba a conocer sus manos, la forma en que sentía en mi piel, cómo se tensaban, me apretaban. Las había visto llenas de sangre, heridas, y se sentía como si eran más que simples partes del cuerpo.Eso era peligroso.Abandoné la cama. No podía seguir allí con él.La ansiedad solo me hizo perderme en un cuadro nuevo.Y terminé quedándome dormida en el
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