Caer de nuevo.
Anastasia.
En el momento que entramos al penthouse, el calor cubrió mis mejillas. Todo seguía siendo un desorden. Seguro iba a pensar que era una desordenada, aunque en verdad lo era, al menos con las cosas que no fueran de mi arte.
Tragué hondo mientras apretaba las flores a mi pecho con una mano, y con la otra le señalé el sofá en la sala.
Leónidas asintió sin decir una palabra. Avancé con lentitud hacia la cocina mientras lo veía sentarse.
Verlo caminar de espaldas era una cosa… hipnótica.
S