Era demasiado tarde.
Anastasia.
Hice lo posible para llegar a él. Encontré el número de su amigo, lo llamé y pedí que me dijera su ubicación.
Alrededor de las ocho de la noche, lo encontré.
Estaba viviendo en una zona que no se comparaba en absoluto con el lugar donde solía vivir.
Fui directo a su piso, toqué la puerta, y este abrió.
Encontrarme con él, lleno de óleo, sudado, ojos rojos, me impactó, pero no desvaneció mi rabia.
—Lucius —dije entre dientes mientras cruzaba los brazos—. Fuiste a la Academia Rembrandt