Leónidas.
La necesidad de estar cerca de ella, impregnado de ella, empeoró tras nuestro primer encuentro. No dejé de pensarla durante ese fin de semana, tenía que apresurar nuestro próximo encuentro. Necesitaba que viera mi rostro, darle razón y nombre al hombre que la había tomado en aquella oscura habitación.
Quería que no quedara espacio en su mente para pensar en otra cosa que no fuera en mí.
Había un vacío enorme en algún lugar de mí que gritaba ser llenado por ella.
Había esperado largos a