No de nuevo.
Anastasia.
Durante el resto del día lo perdí de vista. Me concentré en hacer mi trabajo, evaluando cómo avanzaba el día y recibiendo algunas quejas y sugerencias de los instructores. Me quedé en mi oficina las últimas tres horas antes de que las clases acabaran. Terminé con mi informe justo a tiempo, enviándolo al correo de la Academia, perteneciente a Leónidas.
Bajé. Ya todos se terminaban de marchar. Entre las risas, murmullos y pasos resonando contra la cerámica, me acerqué a la recepción ya