No cambia nada.
Anastasia.
Me separé de sus brazos cuando llegamos al conjunto, pero ni siquiera me dejó caminar sola, pues abrazó mi cintura en todo el camino hacia el ascensor mientras mis piernas amenazaban con fallar.
En cuanto el silencio de la noche en el penthouse nos golpeó, aclaré la garganta.
Caminé a la cocina, tomé agua, le ofrecí, él debió. Y luego cuando fue suficiente la tensión, me atreví a hablar.
—Lo siento por hacerlo salir a la calle así de enfermo... ¿Cómo se siente?
—No estoy enfermo. Solo