El silencio era insoportable.Intenté levantarme nuevamente, pero el dolor en mi muslo era demasiado intenso. La herida sangraba abundantemente, y sentía que la vida se escapaba de mí gota a gota.—Helena —susurré, sintiendo que las lágrimas comenzaban a rodar por mis mejillas—. Helena, perdóname. Perdóname por no poder salvarte.Y entonces, escuché un sonido.Un susurro.—Señor... señor...Levanté la vista y vi a Margaret emergiendo de las sombras. Llevaba las manos manchadas de sangre y el rostro pálido de terror.—Margaret —dije, sintiendo que la esperanza volvía a florecer en mi pecho—. ¿Estás bien? ¿Qué pasó?—Lo siento, señor —dijo ella, arrodillándose a mi lado—. Lo siento mucho. No pude hacer nada. Samuel me atacó, me golpeó, me dejó inconsciente. Cuando desperté, ya se había llevado a la señora Helena.—No importa —dije, sintiendo que la furia comenzaba a reemplazar al dolor—. Tenemos que encontrarla. Tenemos que salvarla.—No podemos, señor —dijo Margaret, con lágrimas en lo
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