182: El Juego de las Sombras.
El disparo resonó en mis oídos como un trueno. El humo se elevó lentamente desde el cañón del arma de Helena, y por un momento, todo el mundo pareció congelarse.
Samuel seguía en pie.
No había sangre. No había herida. Solo una sonrisa burlona en su rostro mientras miraba a Helena con una mezcla de diversión y desprecio.
—¿De verdad creíste que te iba a dejar acceso un arma de verdad? —preguntó Samuel, riendo suavemente—. Eres más ingenua de lo que pensaba.
Helena miró el arma en sus manos con h