181: Gota a Gota.
El silencio era abrumador. Solo el goteo de mi sangre contra el suelo de cemento rompía la quietud. Cada gota era un latido, cada latido un recordatorio de que seguía vivo. Pero por cuanto tiempo, no lo sabía.
Pensé en Helena. En su sonrisa, en sus ojos, en la forma en que me miraba como si yo fuera el único hombre en el mundo. Pensé en Lucy, en su risa infantil, en sus preguntas sin fin sobre el mundo. Pensé en Charles, en su pequeña mano aferrada a mi dedo, en su mirada curiosa mientras descu