La noche en el hospital era densa, pesada. Thomas regresó a la habitación con los pasos arrastrándose, la cabeza gacha, las manos vacías. Había caminado por los pasillos durante una hora, tratando de calmar la tormenta que le ardía en el pecho. No lo había logrado. La foto seguía allí, grabada en su retina. Las manos de Lenna entrelazadas con las de ese hombre. Su sonrisa. Su paz.Anika estaba recostada en la cama, con la mirada fija en el techo, fingiendo indiferencia. Cuando él entró, no se movió. Solo giró los ojos hacia él, con esa expresión de víctima que tan bien le quedaba.—¿Ya volviste? —preguntó, con la voz débil.Thomas no respondió. Se sentó en la silla, dejó caer la cabeza hacia atrás y cerró los ojos. El silencio se hizo denso, incómodo.Anika esperó. Contó los segundos en su cabeza. Diez. Veinte. Treinta.—Tomy —dijo al fin, con un susurro—. Lo siento.Él no abrió los ojos.—¿Por qué?—Por lo de antes —dijo ella, con una voz quebrada que había ensayado frente al espejo
Ler mais