—Voy a ir —dijo Dominic, sentado en el borde de la cama, ya vestido, el sol apenas saliendo por la ventana y proyectando franjas de luz pálida sobre las sábanas revueltas. Mara se incorporó despacio, todavía medio dormida, sintiendo el peso de la afirmación antes de terminar de procesarla completamente. —Decidiste. —Anoche, en algún momento mientras no podía dormir —dijo él, sus manos entrelazadas frente a él, la tensión visible en cada línea de su espalda—. Si no voy, siempre me voy a preguntar qué era. Y prefiero cargar la respuesta, sea cual sea, que cargar la pregunta el resto de mi vida. Ya cargué demasiadas preguntas sin resolver este último año. —Voy contigo —dijo Mara, ya levantándose, buscando su bata con movimientos rápidos. —No —dijo Dominic, girándose para mirarla, su expresión suave pero decidida—. Esto lo necesito hacer solo. Como Ryan lo hizo solo. No porque no confíe en ti, sino porque necesito escuchar lo que sea que diga sin que mi primera reacción sea protegerte
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