—A la señora Harlow —dijo Ryan, levantando su copa hacia Mara con una sonrisa que le llegaba hasta los ojos—. Que le tomó ocho años de sufrimiento y una investigación criminal completa darse cuenta de que este idiota la amaba desde el principio.
Risas estallaron por todo el jardín, ahora transformado con mesas redondas cubiertas de manteles blancos, luces cálidas colgando entre los árboles, el aroma de las flores mezclándose con el de la comida recién servida.
—Gracias por esa descripción tan