Llegó a las seis y tres.Ella oyó el timbre.Estaba en la cocina.El plato de otoño estaba en la estufa.Lo había preparado otra vez.No porque se les hubieran acabado las ideas.Porque la primera vez había sido un descubrimiento, la segunda una comprensión, y quería saber cómo sería la tercera.Empezaba a pensar que el plato de otoño sería como la sopa.Algo que se revelaría con cada intento.Algo que requería varias tomas para alcanzar su plenitud.Lo removió.Apareció en la puerta de la cocina.Miró la estufa.La miró.—Otra vez —dijo.—Tercer intento —dijo ella.Entró.Miró la olla.Cogió la segunda cuchara.Ella había dejado una segunda cuchara junto a la estufa.Probó.Pensó.—Esta vez la ajedrea de invierno está más fuerte —dijo.—Sí —dijo ella—. La añadí antes.—Lo cambia todo —dijo él.—Lo sé —dijo ella—. No estoy segura de si es mejor o diferente, ¿verdad?Volvió a probar.Pensó.Miró el árbol dorado.El árbol, a las seis de la tarde, estaba en su última versión del día.La
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