—Estás lista —preguntó Dominic, ofreciéndole la mano mientras salían del coche estacionado frente al cementerio, el sol de la tarde cayendo suave sobre el estacionamiento casi vacío. —Creo que sí —dijo Mara, sintiendo el peso de la pregunta extenderse mucho más allá de ese momento simple, sus dedos entrelazándose firmemente con los de él. Caminaron juntos por los senderos familiares, el mismo camino que había recorrido semanas atrás con su padre, aunque hoy el grupo era más grande: Dominic a su lado, su mano firme en la de ella, y detrás de ellos, caminando despacio pero con determinación genuina, su padre y su madre, esta última con permiso especial de un día completo fuera de la prisión para asistir a esta ocasión que Mara había organizado cuidadosamente con las autoridades correspondientes. Más atrás todavía, Ryan y Clara caminaban tomados de la mano, y Helena, apoyada ligeramente en el brazo de una enfermera que había insistido en acompañarla, sus pasos lentos pero seguros. Su c
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