—Gracias por venir con tan poco aviso —dijo Ryan, de pie junto a la ventana de su oficina, su expresión más seria de lo que Mara le había visto en semanas, sus manos entrelazadas detrás de la espalda de una manera que revelaba nerviosismo genuino.
—Nos preocupaste un poco con ese mensaje —dijo Dominic, sentándose frente al escritorio de su primo—. Está todo bien.
—Todo está bien —confirmó Ryan, girándose para mirarlos—. Mejor que bien, en realidad. Pero necesitaba hablar con ustedes dos antes