—Sí, señoría —dijo Dominic, poniéndose de pie despacio, su voz firme a pesar del temblor apenas visible en sus manos—. Me gustaría decir algo. El juez asintió, indicándole que continuara. Dominic caminó hacia el centro de la sala, deteniéndose donde todos pudieran verlo, y el corazón se le aceleró mientras esperaba escuchar lo que fuera a decir, sin saber ella misma qué esperar de sus propias palabras. —Mi madre me mintió durante treinta y tres años —empezó Dominic, su voz resonando clara en la sala silenciosa—. Sobre quién era mi padre biológico. Sobre las circunstancias de mi nacimiento. Sobre secretos que definieron toda mi vida sin que yo lo supiera. Eso es un hecho que no voy a minimizar hoy, ni voy a fingir que no me causó un daño profundo. Pasé meses reconstruyendo quién era, aprendiendo a confiar de nuevo en algo tan básico como mi propia identidad. Hizo una pausa, respirando profundo antes de continuar, sus manos entrelazándose frente a él en un gesto que Mara reconocía co
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