La llamó al mediodía.Ella estaba en el departamento.Estaba ocupada cuando sonó el teléfono.Miró la pantalla.No era Dominic.Helena.Se quedó mirándolo fijamente durante un solo timbrazo.Contestó.«Helena», dijo.«Mara». La voz de Helena tenía el mismo tono controlado de siempre, y debajo de ella se percibía algo que ya no estaba presente al principio de estas llamadas. Algo que había surgido gradualmente a lo largo de los meses. «Quería llamar antes de que Dominic me llamara. Quería hablar contigo primero».Miró por la ventana de su oficina.«De acuerdo», dijo.«La carta», dijo Helena. «Quiero saber si decía lo que yo quería decir».Pensó en la carta.En las dos páginas.En la silla y el adolescente que se movía alrededor de un problema.En la letra.«Decía lo que querías decir», dijo.Helena guardó silencio.—Llevo tres semanas escribiéndolo —dijo—. No sin parar. Escribía algo, lo dejaba y volvía. Escribí seis versiones.—La séptima era la correcta —dijo Mara.—¿Cómo sabes que e
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