El sonido de las sirenas no trajo alivio, no llegó como una promesa de orden ni como una intervención que pudiera reparar lo que ya estaba fracturado, llegó como una intrusión, como una fuerza externa que no entendía las reglas de ese lugar pero que aun así iba a irrumpir en él, arrastrando consigo una realidad distinta, una que no distinguía entre lo que debía mantenerse oculto y lo que ya había sido expuesto, y en medio de ese cruce inevitable de mundos, Jake dejó de mirar hacia donde la figura había desaparecido y finalmente me miró a mí con una intensidad que no buscaba evaluar, sino asegurarse de algo más básico, más urgente, más visceral.—Camina —dijo, y esta vez no fue una orden fría ni calculada, fue una necesidad contenida que apenas se sostenía.No pregunté hacia dónde, no cuestioné la dirección ni el motivo, porque la forma en que su mano volvió a encontrar mi brazo, más firme ahora, más pesada, me dijo todo lo que necesitaba saber, su control no estaba intacto, su resiste
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