No hubo una señal clara, no hubo un gesto evidente que rompiera la superficie elegante de la noche, pero algo se desplazó con una precisión tan sutil que solo podía percibirse desde dentro, como si el aire mismo hubiera cambiado de densidad, como si cada partícula comenzara a alinearse en torno a una intención que ya no necesitaba ocultarse del todo, y en medio de ese ajuste silencioso entendí que lo que venía no iba a anunciarse, no iba a pedir permiso, iba a ocurrir, y lo único que quedaba po