El eco de las palabras de Kai, exigiendo la verdad, aún reverberaba en los muros de la habitación de Lairael. Valeriah, paralizada por la impresión de encontrarlo allí, con su hijo en brazos, solo pudo reaccionar con un instinto primordial: la protección. "¡Vete, Kai! ¡Sal de aquí!", bramó, y una ola de energía, pura y elemental, se desprendió de ella, buscando repelerlo.Kai, con Lairael aún contra su pecho, sintió la embestida de la magia de Valeriah. Podría haber resistido, incluso haberla contrarrestado, pero la mirada inocente de Lairael, que se aferraba a él, lo detuvo. No podía enfrentarse a ella, no así, no frente a su hijo. Con un suspiro de frustración y un respeto renuente a la voluntad de Valeriah, depositó con delicadeza a Lairael de nuevo en la cuna. Antes de que la siguiente ola mágica de Valeriah lo alcanzara, sus ojos dorados, llenos de una furia contenida y una nueva convicción, se clavaron en ella."Esto no se quedará así, Valeriah," gruñó, su voz un trueno amortigu
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