La gran sala del consejo, tallada en piedra viva y sostenida por columnas de cristal negro que reflejaban la luz de mil antorchas, estaba repleta de líderes, ancianos y guerreros de las cuatro grandes manadas. En el trono más alto, esculpido directamente en una roca de obsidiana pura que parecía absorber la luz del entorno, se sentaba Kai. Ya no era simplemente el Alfa de los Colmillos Oscuros; tras su victoria en el duelo final, había sido investido como Regente Supremo, con el mandato solemne de gobernar, dirigir y controlar el flujo de toda la magia de A'malur durante los próximos veinticinco años, o incluso más, si el destino así lo decretaba. Su presencia llenaba el recinto: fría, autoritaria y silenciosamente amenazante. A su alrededor, el aire parecía más denso, más pesado, como si la misma atmósfera le rindiera pleitesía.A un lado, de pie con la cabeza en alto pero el rostro endurecido por una mezcla de rabia, orgullo herido y dolor, estaba Valeriah. Vestía sus mejores galas
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