Después del ataque, todo el castillo estaba en alerta máxima, pero Euwen no pensaba en la seguridad, ni en las defensas, ni en Marcus. Solo pensaba en Lairael, en su herida, en cómo se había interpuesto entre ella y la muerte. Se había encerrado en sus habitaciones, sentada en el borde de la cama, esperando. Sabía que él vendría. Y efectivamente, pocos minutos después, la puerta se abrió y él entró.Llevaba el pecho descubierto, y la herida habia desaparecido su paso era firme, su presencia tan magnética como siempre. Cerró la puerta con llave, aislando el mundo exterior, y se quedó parado mirándola, con una mezcla de pasión y amor en la mirada.—Sabía que me esperabas —dijo él con suavidad, acercándose despacio.Euwen se levantó, temblando un poco.—Me salvaste la vida. Te heriste por mí… pero tu herida ya no esta? no entiendo, sigues sin decirme la verdad. ¿Quién eres realmente, Lairael? ¿eres Numen?Él suspiró, y por primera vez, vio en él vulnerabilidad, algo que nunca había
Leer más