Yo sabía que aquello podría ser una muy mala idea, incluso, y que muy probablemente Mauricio no iba a aprobarlo. Después de lo que había pasado con Santiago, estaba completamente segura de que el líder de la serpiente carmesí no iba a estar dispuesto a dejar la suerte de la organización, ni muchísimo menos sus recursos, en proteger personas que no estaban preparadas. En mi situación era diferente, no tenía otra alternativa; con Santiago, bueno, digamos que tal vez Michael podía dar un voto de fe por Santiago, pero sabía que la situación que había enfrentado con Raúl iba a tornarse incluso más incómoda todavía. Aquello iba a tornar el ambiente pesado y complicado.Pero también conocía a Raúl, lo conocía lo suficiente: conocía su carácter, su disciplina y, sobre todo, su terquedad, de la que hacía mella de vez en cuando, como en ese momento, cuando lo veía ahí, con sus ojos clavados en los míos, esperando que yo sacara algún argumento para decirle que lo mejor que podía hacer era irse y
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