El comedor ya estaba preparado cuando Elisabetta entró.
Todo en la sala parecía calculado. La larga mesa pulida, el brillo suave de la lámpara, la eficiencia silenciosa del personal moviéndose de un lado a otro como sombras. Era el tipo de lugar que le recordaba, sin decirlo, que ella no pertenecía allí.
Aún no.
No de verdad.
Se detuvo medio segundo en la entrada, tomando aire, y luego avanzó.
Norman ya estaba sentado.
Por supuesto.
Ocupaba la cabecera de la mesa, con un brazo apoyado con liger