El momento se estiró en un silencio opresivo, pesado, casi insoportable. El sonido del oro deslizándose dentro de la caja parecía haberse amplificado dentro de la habitación, como si cada ligero movimiento de la cadena resonara con una importancia que ninguno de los presentes estaba dispuesto a reconocer. Nyxara permaneció inmóvil, observando la escena con una inexplicable quietud, sus dedos todavía suspendidos en el aire, apenas a centímetros de tocar lo que, segundos atrás, había sido una disculpa dirigida a ella. Pero ahora, ya no lo era. Ahora, el significado de aquel objeto había cambiado por completo. Porque ahora, la cadena no le pertenecía. Porque ahora, ella había sido reemplazada en esta ecuación. El aire se espesó cuando los labios de Nyxara se curvaron apenas, una sonrisa que no tenía alegría, solo incredulidad. Y entonces, se echó a reír. Vaelior frunció el ceño, su mirada endureciéndose ante la reacción que no esperaba, ante la burla contenida en el sonido que es
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