El silencio que quedó en la habitación después de que Vaelior se marchó era opresivo, denso, como si la ausencia de su presencia cargara el aire con algo más que vacío. Zaelith permaneció quieta por un instante, observando la puerta cerrada con una mirada que no reflejaba decepción, ni incertidumbre. Solo había estrategia en sus ojos. Sin apresurarse, dejó escapar un suspiro y comenzó a recorrer la habitación con pasos tranquilos, sus dedos rozando los bordes de los muebles, analizando el espacio con la precisión calculada de alguien que no veía esto solo como un simple lugar para dormir. Era territorio. Era su territorio. Vaelior la había traído hasta aquí. Le había dado una habitación dentro de su casa. Dentro de su mundo. Dentro de lo que alguna vez solo había pertenecido a Nyxara. Y eso lo cambiaba todo. Porque ahora, no quedaban dudas. No quedaban espacios indefinidos ni terrenos compartidos. Todo lo que faltaba era hacer que Nyxara desapareciera de esta ecuación. Za
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