El aire en la entrada de la casa se volvió denso, cargado con las palabras venenosas de Zaelith. Su voz, dulce pero cortante, había tejido una red de dudas y furia en la mente de Vaelior, y ahora sus ojos ardían con una mezcla de traición y rabia. La imagen de Nyxara recostada en el hombro de Xyrrion, aunque inocente, se retorcía en su cabeza, distorsionada por las insinuaciones crueles de Zaelith. De repente, Vaelior se sacudió bruscamente, apartándose del roce calculado de Zaelith como si su contacto le quemara. Sin mirarla, sin pronunciar una palabra, giró sobre sus talones y avanzó hacia la sala con pasos pesados, cada uno resonando con la fuerza de su enojo. Zaelith lo siguió a unos pasos de distancia, con una sonrisa apenas disimulada curvando sus labios, sabiendo que había encendido la chispa que desataría el caos. En la sala, Nyxara seguía recostada en el hombro de Xyrrion, ajena al torbellino que se aproximaba. Xyrrion, sin embargo, alzó la vista al escuchar los pasos, y su
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