El aire en la sala se había puesto insoportablemente pesado, como si cada palabra, cada mirada, y cada gesto estuviese cargado de un peso invisible que nadie pudiera ignorar. Nyxara aun permanecía de pie, con su cuerpo rígidos, tenia sus brazos cruzados delante de su pecho, y sus ojos solo se quedaban fijamente en Vaelior. Había estado esperando demasiadas cosas de él. Había esperado explicaciones, disculpas, incluso una mínima muestra de arrepentimiento. Pero lo único que había recibido de el