—Mi amor, te presento a Conrad Sylvain —señaló Darcy. El apuesto hombre le ofreció su mano—. Melissa Ravage, mi esposa.—Un gusto conocerla, señora. ¿Hija de los Halloway, cierto?—Sí, sí… adoptiva —tragó saliva al hacer esa aclaración, una que nadie esperaba, pues hasta Ares la miró con confusión, pero ella sonrió—. Aunque ahora disfruto mucho más ser la señora Ravage.El exgobernador se echó a reír.—Es bueno saberlo, señora Ravage —señaló con amabilidad—. Mi madre, Dottie Wilde.Una mujer madura, de grandes ojos claros, se acercó a ellos amablemente para saludarlos. Parecía cómoda siendo la compañía de su hijo en aquel evento, y por lo mismo, la recepción, que también resultó cordial, los invitó a tomar sus lugares. El mismo mesero llevó nuevos cócteles sin alcohol para ambos, que, al verse a los ojos, brindaron y, tras tomar ese trago de la suerte, se dieron un tierno beso.—¿Todo bien con el primer contacto?—Perfecto, mi amor. Estarán hasta el otro domingo. Me dijo que lo llamar
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