Ares tensó la mandíbula.—Y vas a escucharme —agregó Maurice con voz rasposa—, porque si no, Ares, te aseguro que le diré la verdad.Ares, quien solo se recostó un poco al respaldo de su silla, terminó lamiéndose los labios. No miró a Gaspar, pero sí pudo sentir su mirada sobre ellos. Maurice mantuvo su semblante serio, su mirada penetrante fija en el poderoso hombre frente a él.—¿Y cuál es tu propuesta, Maurice?Esa consulta, en una voz grave y fría, dejó al hombre algo descolocado. Si bien sabía que esa verdad no dicha, que Melissa aún ignoraba, sería de gran peso en algún momento, jamás imaginó que Ares Ravage podría caer con tanta facilidad con tal de mantenerla oculta, y por lo mismo celebró con demasiada anticipación.—No tengo idea de la razón por la que decidiste tomar a mi hija en matrimonio, pero está claro que mal no se encuentra. La tienes cuidada, atendida, viviendo una vida de lujo que puso a todos mis otros hijos, los biológicos, a discutir entre sí, despertando en ell
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