CAPÍTULO TREINTA Y DOSMuy atrás… Dentro de la cueva, el Alfa permaneció inmóvil mucho después de que se hubieran ido.Su mano descansaba sobre un viejo colgante, ennegrecido por el tiempo. Gemelo del que Maren llevaba puesto.Un susurro se enroscó por la caverna: suave, femenino, inquietante.—No puedes huir de tu sangre para siempre.El Alfa apretó la mandíbula.—Te enterré, Sahra.La voz solo rio.—Y aun así, resurgí en tu hija.El fuego chisporroteó. La cueva se volvió más fría.Él exhaló. Lento. Roto.—Luna, ayúdame… tal vez no tenga opción.La cueva quedó en silencio, pero el pasado no.Mientras el Alfa de la Luna Hueca se sentaba solo junto a las brasas moribundas del fuego, las llamas titilantes parecían retroceder los años. Las piedras a su alrededor se difuminaron, se deformaron… hasta convertirse en salones de mármol, luz cálida del sol, risas.Una época en que el mundo era diferente.Él era más joven entonces. Feroz, audaz, el Alfa de la venerada manada Luna Hueca. Su nomb
Leer más