CAPÍTULO CUARENTA
Damian observaba a ambos desde la distancia, entrecerrando los ojos con preocupación. Captó la tensión afilada entre Zara y Lucian, y la forma en que Zara miraba a Ella: con algo parecido a los celos ardiendo bajo su sonrisa.
Algo no estaba bien. Y Zara estaba justo en el centro de todo.
Se acercó a Ella, su voz calmada pero firme.
—¿Estás bien?
Ella se giró hacia él, sonriendo con una fuerza tranquila.
—Estoy bien, Alfa. Lucian se ofreció a entrenarme hoy.
Su pecho se apretó.