CAPÍTULO TREINTA Y CUATRO
Un rugido de aprobación estalló, los guerreros golpeándose el pecho, sus auras encendidas como incendios forestales.
—¡Por el Colmillo de Sombra!
El corazón de Ella latía con fuerza en su pecho, los ojos brillando con lágrimas que se negaba a dejar caer. Esto era más que aceptación. Era su renacimiento: un nuevo comienzo forjado en dolor y triunfo.
Damian se volvió hacia ella, con la mirada cálida y la voz suave, cargada de algo tierno.
—Te lo has ganado. Cada cicatriz